Conatus

Las imágenes fotográficas del proyecto Conatus se extienden ante la mirada como un “aparecer ahí”, un “decir” de la inefable experiencia estética de belleza en su sentido más profundo.

De acuerdo con F. Cheng, “una verdadera belleza, su advenir, su aparecer ahí, constituye siempre un instante único; es su modo de ser. A mis ojos es con la unicidad como comienza la posibilidad de la belleza: el ser ya no es un simple robot entre robots, ni una simple figura en medio de otras figuras”. O como podríamos afirmar, las niñas y adolescentes no son un genérico “niñas sename”, “niñas de hogar”. Ellas se pertenecen a sí mismas, late en ellas la belleza y la posibilidad de ser lo que realmente son en su unicidad, más allá del trato como un elemento diferenciado en una gran categoría que no logra verlas. Es en lo particular en donde todo cobra sentido.

La unicidad transforma cada ser en presencia y ésta, a semejanza de una flor o de un árbol, tiende constantemente en el tiempo a la plenitud de su esplendor, que es la definición misma de belleza.

Sugerencia: asistir con audífonos

Esta tendencia hacia la plenitud de su presencia en el mundo es el conatus.

F. Cheng sostiene que, aunque no todos los humanos, en nuestro caso no todas las niñas, se ven obligados a atravesar por poderosas adversidades, todos podemos participar en la grandeza nacida de la dignidad interior del ser que se enfrenta a lo terrible en nombre de la vida.

Para el desarrollo pleno de los niños, niñas y adolescentes, es necesario el respeto a sus derechos, poner el interés superior de ellos como primordial, un sistema de prevención de las vulneraciones a sus derechos y garantías para su desarrollo integral, entre otros.

El arte posibilita la pregunta, la fotografía como agente explorador recibe aquello observado para comunicar, abrir campos narrativos y formas de ver.

Claudia R. Ormeño